La demanda energética es la energía que necesita el conjunto de ciudadanos para el uso de los dispositivos que forman parte de su día a día. El transporte, maquinaria laboral, calefacción, refrigeración en el hogar y la producción de agua caliente, entre tantos otros

¿Alguna vez te has preguntado cómo funciona? Las horas puntas de la demanda se relacionan con el consumo empresarial. De 11:00 a 12:00 de la mañana por la actividad industrial y de servicios, unida al de cocinas en domicilios, y de 19:00 a 20:00 de la tarde por la actividad comercial posterior al horario de oficina.

La demanda de energía doméstica es inferior a la del resto de usos combinados. Si bien existen ciertas variaciones en algunas comunidades autónomas, este es un hecho que se ha reproducido de manera histórica. Ahora, ¿qué sucede con esta demanda de energía cuando se da una situación de crisis?

El crecimiento de la demanda energética es inferior al del PIB

Para comprenderlo debemos analizar el funcionamiento de la demanda energética a lo largo de las últimas décadas y su relación con la actividad económica del país, el PIB (es decir, el valor monetario de los bienes y servicios finales producidos por el país durante un periodo de tiempo). Estas dos variables evolucionan de manera similar con movimientos unidos tanto a la alza como a la baja.

Si bien en la década de los 2000 el crecimiento de la demanda fue superior al del PIB en la comparación directa, desde 2013 vemos cómo estos papeles se contraponen. El PIB tiene un crecimiento superior al de la demanda de energía, que año a año va disminuyendo.

Esta situación dada en España no es un caso aislado. En los países cercanos la intensidad de energía también cuenta con una tendencia decreciente relacionada con dos factores muy diferentes: la mejora de la eficiencia energética con el paso de los años y la creación de nuevas estructuras económicas más intensivas.

La electrificación de la sociedad en nuevas áreas

La intensidad eléctrica mantiene un ajuste a la baja parecido al de la intensidad energética, aunque cuenta con mayores picos de crecimiento al existir un proceso de electrificación de la sociedad.

Esto es especialmente remarcable en España, que cuenta con una tasa de electrificación superior a la europea. Estos datos irán disminuyendo según vayan aplicándose más medidas que busquen la eficiencia energética, pero también irán encontrando mayores picos máximos con la evolución de áreas en desarrollo como la movilidad eléctrica.

Es una relación histórica que se ha mostrado con cada hito de la economía. Uno de los ejemplos más palpable lo encontramos en la conversión de la economía al sector servicios, pero también en el crecimiento de las tiendas online. La apuesta por estos negocios en contraposición a las tiendas físicas provocó un descenso en la demanda energética y eléctrica.

La demanda energética y eléctrica decrece sin industria

Estos datos nos aportan dos conclusiones muy esclarecedoras:

  • A menor PIB, menor demanda energética. La ralentización del crecimiento o la completa paralización de la actividad empresarial hace decrecer la demanda energética. Esta sirve como termómetro casi perfecto del estado económico del país. El crecimiento de la demanda doméstico ayuda a estabilizar esta acción pero no puede absorber el impacto completo.
  • La electrificación de la sociedad afecta especialmente a la industria. Los picos crecientes de demanda que han surgido en los últimos años no tienen efecto en una situación de confinamiento en la que los ciudadanos han de permanecer en casa.

La actividad económica modifica la demanda de energía. Es una variable flexible que siempre ha ayudado a dibujar los movimientos energéticos de la sociedad para adaptarse a sus necesidades. Su crecimiento en unas semanas nos mostrará de nuevo el camino hacia la recuperación de la normalidad.

 

Para la elaboración de este análisis hemos usado las siguientes fuentes:

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