Hoy seguimos con la lista de los innovadores españoles más destacados en 2016 para la revista MIT Technology Review en español.

Javier Hernández (33 años)

Javier, ingeniero nacido en Barcelona, se interesó hace unos años por el estudio del estrés, “una condición que afecta a muchas enfermedades”, y ahora es todo un experto en la materia. Tanto que ha diseñado unos dispositivos que ayudan a analizar los niveles de este tipo de tensión -tan habitual en nuestro siglo- en las personas.

Hasta ahora, Javier ha creado tres aparatos diferentes, todos muy innovadores:

  • Una muñequera equipada con biosensores capaces de reconocer los primeros indicios de estrés en un ser humano.
  • Un dispositivo que puede medir el estrés, gracias a unos cuantos sensores que registran el latido del corazón o la respiración.
  • Un invento exclusivo para vehículos que permite que estos detecten si el conductor está estresado, y tomen las medidas necesarias, como hacer descender la temperatura del interior del coche.

Para Javier, la tecnología del Internet de las cosas nos ayudará en un futuro no muy lejano a tener más control sobre el estrés y nuestras emociones, especialmente gracias a una serie de dispositivos que llevaremos encima, y que estarán conectados permanentemente con la Red. Teniendo en cuenta el impacto que tiene el estrés sobre nuestra salud, puede que los diseños de Javier mejoren la calidad de vida de muchas personas.

Los sofás podrán tener sensores que nos dirán cuánto llevamos sentados, qué postura tenemos o el ritmo cardíaco.

Javier Jiménez (34 años)

La meningitis es una enfermedad muy peligrosa que afecta al sistema nervioso. Ataca especialmente a los niños, y en estos, su diagnóstico es muy complicado porque los primeros síntomas son los de un resfriado común. Además, su diagnóstico solo puede realizarse actualmente mediante una punción lumbar. Por eso el invento de Javier Jiménez podría revolucionar este campo.

Javier ha diseñado un aparato llamado Neurosonics que es capaz de diagnosticar la meningitis en niños de manera no invasiva y de forma muy rápida. El dispositivo, que es, en palabras de su creador “similar a un boli gordo”, se aplica sobre la fontanela (un área de la cabeza) del paciente y captura una imagen de ultrasonidos, en alta resolución, del líquido cerebroespinal. La sensibilidad de Neurosonics le permite detectar cambios en las células de ese líquido, algo vital para el diagnóstico, pues el aumento de aquellas es un claro indicador de que el niño podría estar siendo afectado por la meningitis.

Su startup, New Born Solutions ya está realizando pruebas del dispositivo en Mozambique y en algunos hospitales de Madrid. Si todo avanza según lo previsto, los médicos podrían salvar miles de vidas cada año -especialmente en países menos desarrollados- gracias a Neurosonics.

Gonzalo Murillo (32 años)

Gonzalo, ingeniero granadino, está convencido, al igual que Javier Hernández, de que el futuro girará en torno al Internet de las cosas, cuyos sensores se encontrarán instalados en todas partes. En su caso, ha volcado sus esfuerzos en desarrollar una tecnología que pueda generar electricidad para alimentar pequeños dispositivos, y así conseguir que esos sensores puedan tener energía constante sin necesidad de baterías.

Para ello, Gonzalo, que trabaja actualmente en el Centro Nacional de Microelectrónica, ha desarrollado un dispositivo basado en un tipo de material piezoeléctrico, presente, por ejemplo, en mecheros, altavoces o aparatos médicos, como los que se usan para realizar resonancias magnéticas. Este tipo de material «convierte una deformación mecánica en voltaje o, por el contrario, modifica su forma cuando se les aplica un voltaje». El dispositivo de Gonzalo, que tiene un tamaño más reducido que el de una moneda de un céntimo, es capaz de convertir las vibraciones en energía. Es decir, aprovecha la energía residual para poner en marcha dispositivos pequeños.

En el caso del Internet de las cosas, el invento de Gonzalo podría, por ejemplo, hacer funcionar todos los sensores necesarios para convertir nuestra casa en una smart home sin necesidad de usar ningún tipo de cargador.

Blanca Rodríguez (29 años)

Esta leonesa siempre se ha sentido muy interesada por la educación, uno de los sectores, en su opinión, desde donde más se puede empezar a transformar la sociedad. Su principal afán era conseguir que los niños pudieran explotar el potencial educativo de las nuevas tecnologías, como las tabletas o los smartphones, pero siempre mediante un correcto aprendizaje; algo en lo que los padres, por falta de tiempo, no pueden volcarse habitualmente. Y así nació la startup Smile and Learn.

Esta plataforma, considerada una biblioteca inteligente, cuenta con diversas aplicaciones interactivas para niños, como cuentos y juegos. El objetivo: mejorar el aprendizaje de aquellos mediante el análisis de Big Data. Mientras que los niños disfrutan del variado contenido lúdico y educativo de Smile and Learn, sus padres pueden comprobar su progreso gracias a los informes personalizados que genera la plataforma (la cual cuenta con las aportaciones de un valioso equipo multidisciplinar, compuesto por programadores, educadores, dibujantes, etc.).

Actualmente el proyecto de Blanca se utiliza ya en más de ochenta y cinco centros educativos españoles, y sus aplicaciones han superado las trescientas mil descargas.

Siempre he sido muy contraria a cómo se enseña en la escuela, con un mismo método para todos los alumnos. Pero no todos somos iguales.

Carlos Sánchez (34 años)

Carlos, doctor en procesamiento de imágenes médicas e ingeniero de telecomunicaciones, llevaba años concienciado acerca de la importancia de nuestras posturas cotidianas a la hora de evitar enfermedades como la escoliosis. Finalmente decidió fundar una empresa, Asana Weartech, especializada en ese tipo de problemas.

Su mayor invento hasta la fecha es un maillot inteligente de licra, que tras analizar la postura del paciente, le ayuda a corregirla, y que está dirigido especialmente a chicas adolescentes (el colectivo más afectado por las desviaciones de columna). ¿Pero cómo? Pues gracias a unos sensores con los que el bodi va equipado, capaces de medir la deformación de la espalda. Mientras que los corsés convencionales funcionan mediante una corrección mecánica forzada, el invento de Carlos lo hace mediante una corrección activa, lo cual conlleva unos efectos mucho más positivos.

En febrero del año que viene, una vez listo el prototipo, se realizarán las primeras pruebas en pacientes, con la idea de comprobar los resultados en septiembre. Si estos son positivos, las personas que padecen de escoliosis podrían ver muy pronto mejorada su calidad de vida.

Podríamos convertir la fisioterapia en medicina basada totalmente en la evidencia.

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