El pasado 20 de Diciembre tuve el placer de asistir a una mesa redonda sobre Blockchain en la Sede Central de Endesa, contamos con la presencia del grupo Ethereum, además de profesionales nacionales e internacionales estrechamente relacionados con la innovación y la aplicación de nuevas tecnologías en campos menos convencionales.

El Blockchain no es un concepto sencillo de explicar ya que a medida que profundizas en el tema se van conociendo las necesidades que requiere y sus dificultades de cara al uso práctico, y más aún enfocando el tema hacia un uso para el que nunca se ha aplicado. Es más sencillo comenzar comparando su función en una figura actual, la del notario. No es extraño entonces que una de sus relativamente nuevas aplicaciones con mayor proyección sea la de Smart Contracts que vienen a ser contratos online realizados de manera segura, entendiendo como seguro, que el contrato se ha llegado a realizar y es prácticamente imposible de hackear, para falsear una cadena a nuestro favor, necesitaremos nada más y nada menos que la potencia de diez motores Google. Y ahora vamos a añadir la condición de que tenemos diez minutos para hacerlo. ¿Sencillo verdad?

Llegados a este punto viendo las ventajas que plantea nos preguntamos. ¿Qué problema puede tener la aplicación de esta tecnología? Su uso teórico es perfecto, pero en cuanto lo llevamos al uso práctico, se necesita una garantía en el caso de que alguna de las partes decida romper su parte del acuerdo, el contrato está firmado, pero no se lleva a cabo en los términos acordados. En esta parte del debate tuvimos opiniones de todo tipo, dentro de las cuales destacó la posible existencia de una agencia reguladora que comprueba que las transacciones realizadas correctamente dentro del sistema Blockchain se apliquen del modo adecuado.

¿Qué nos motiva entonces a aplicar esta tecnología? La repercusión que puede llegar a tener, ya que nos permitiría compartir todo tipo de materiales ¿O acaso no tiene sentido, en términos de sostenibilidad, compartir una lavadora que utilizamos sólo un 1% del tiempo de su vida útil?

Imaginemos algo más factible de primeras, un software que pueda aprender cómo utilizamos la electricidad en toda la comunidad de vecinos, comprar la energía cuando está más barata y almacenarla por ejemplo, en una batería Tesla; utilizando la tecnología Blockchain para realizar todas las transacciones. Ahorrarían los consumidores y disminuiría la contaminación al utilizar menos las clásicas fuentes de energía. El reto está en el aire y las aplicaciones más innovadoras de esta tecnología pueden ser el nuevo gran descubrimiento, las puertas están abiertas.

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