La movilidad eléctrica afronta un proceso de transformación que va a ser imparable. Día tras día, vemos más vehículos de emisiones cero circulando integrados en el tráfico de nuestras ciudades. Sin embargo, este no es el único sector que apunta en esta dirección.

Son muchas las compañías que están desarrollando innovaciones para lograr una movilidad sostenible y reducir las emisiones de dióxido de carbono. Pero el verdadero reto actual es ir un paso más allá y demostrar que se puede no solo aspirar a la sostenibilidad en tierra, sino también en mar y aire.

 

La innovación en el centro del avance

Gracias al aumento y expansión de este tipo de movilidad en el ámbito terrestre, los avances aumentan progresivamente, extendiendo esta opción eléctrica a escenarios más allá de la tierra.

Movilidad eléctrica acuática

El mar es el lugar al que van a parar grandes cantidades de residuos procedentes de ciudades e industrias sin ningún tipo de tratamiento previo. Por ello, el empleo de sistemas de propulsión limpios y ecológicos en el transporte náutico tiene mucho sentido en este escenario.

Las ventajas que presentan son muy numerosas con respecto a un barco convencional:

– Son más sostenibles, empleando energía eléctrica, ecológica, limpia y respetuosa con el medio ambiente.

– El precio de la electricidad es mucho más bajo con respecto al precio de la gasolina y el diésel.

– Son totalmente silenciosos, ya que no cuentan con un motor de combustión.

Son más fáciles de usar, ya que el motor eléctrico proporciona mayor ligereza, facilitando las maniobras.

Mantenimiento mínimo, ya que el motor eléctrico es mucho más limpio

Aunque las embarcaciones eléctricas siguen siendo un producto novedoso en el mercado náutico, cada vez son más los avances que incorporan, orientados a la reducción de su impacto ambiental. Algunos ejemplos son el SAY 29E runabout, el barco eléctrico más rápido del mundo con una velocidad máxima alcanzada de 95 km/h, de la empresa alemana SAY Carbon; el Q30 Water Limousine de Q-Yachts, un prototipo de barco comercial de pasajeros, o el Solar Ecplipse Aquanima 40, un catamarán eléctrico solar de la empresa Azura Marine que cuenta con una autonomía ilimitada, es decir, que es capaz de realizar viajes oceánicos sin necesidad de parar a repostar.

Movilidad eléctrica aérea

El avance eléctrico también ha supuesto la oportunidad de implementar la movilidad aérea dentro de las ciudades, con objetivos tan necesarios de conseguir como son la descongestión del tráfico y la reducción de la contaminación.

Es decir, se está avanzando hacia el “coche volador” o directamente hacia aviones eléctricos de conducción automatizada, que pueden convertirse en los sustitutos o, al menos, compartir protagonismo con los actuales taxis y medios de transporte de personas.

En este caso, muchas compañías como Airbus, Boeing o Lillium están trabajando en la creación de este tipo de transporte. Especialmente en los denominados “aerotaxis”, por la existencia de un nicho más claro que el existente en aviones de largo recorrido. Un ejemplo es el desarrollado por la empresa Volocopter; que consiste en un multicóptero eléctrico de despegue y aterrizaje  (eVTOL) vertical para el transporte de personas. Cabe destacar también la apuesta de Airbus para desarrollar los mencionados “aerotaxis” para las próximas olimpiadas de París 2024 con la idea de transportar a pasajeros desde el aeropuerto internacional Charles de Gaulle hasta el centro de la ciudad. Un taxi volador de 15 minutos de autonomía y capaz de alcanzar los 120 km/h denominado “CityAirbus”.

 

Los transportes aéreo y marítimo constituyen el 2,6% y el 3% respectivamente de las emisiones de dióxido de carbono provocadas por el ser humano, y crecen año tras año. Esto supone un gran inconveniente para la consecución y cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas en favor del desarrollo social, la protección del medio ambiente y el crecimiento económico.

Es por esta situación que los fabricantes aeronáuticos y navales apuestan por la investigación en i+D. Esta inversión tiene como objetivo desarrollar fórmulas y mecanismos menos contaminantes y más respetuosas con el medio ambiente, impulsando un desarrollo eléctrico de estos transportes que pueda hacerse tangible y velando por las necesidades del planeta.

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