Soy Andrea Esteve, periodista y actual trabajadora de Endesa. Al ser de la generación millennial, me dieron a probar un BMW eléctrico durante una semana para que pudiera expresar mi opinión al respecto de este concepto con la prueba de un vehículo eléctrico que tanto estamos escuchando últimamente. El tema es que tuve que conducir por pleno centro de Madrid con este coche y mi veredicto es que no puedo estar más contenta. Os cuento:

Exteriormente, a priori, un coche convencional pero algo más futurista: más de un color, más redondo y acabados plateados que le dan un toque moderno. Pero lo que más llama la atención, sin duda, es el ver que un coche está enchufado en el lugar que le correspondería a una manguera de petróleo, como si de un móvil se tratase. Así que, después de observar el panorama durante unos segundos, te dispones a sacar la manguera, algo dura, y te encuentras con tres curiosos agujeros. «Bien- piensas- esto es más diferente de lo que me pensaba».

Cuando entras, psicológicamente ya vas predispuesto a que algo va pasar, algo te va a provocar este vehículo. Así pues, con la curiosidad a flor de piel, enciendes el vehículo eléctrico con un botón- después de fracasar al meter la llave en los sitios más incógnitos- y allá vamos. Cero ruidos. No sabes si está encendido, pero la pantalla ha aparecido y con ella una barra que te indica la autonomía (km) del coche… Uff, algo agobiante pero veamos si se acaba tan rápido como la batería de cualquier dispositivo eléctrico que tenemos en casa.

Imagen del interior de un coche eléctrico

Pongo el modo «D», previamente estudiado para no provocar una desgracia humana, el pie izquierdo como si se quiere ir de paseo, y el derecho se dispone a avanzar. Y… ¡Sí!, avanza.

Lo que más destaco de la prueba de un vehículo eléctrico es la primera sensación, la primera aceleración, porque en cuanto se mueve ya notas que esto del coche eléctrico es un pase hacia el futuro. Es suave, es como si se condujese solo y tú solo fueras un mero espectador. Es novedoso, es un avance en toda regla. Sientes limpieza, no hay humos ni ruidos de motor, sientes que la conducción te dirige a ti. Y sé que puede sonar raro, pero te sientes diferente, más sano, más a gusto, más dispuesto a avanzar hacia un futuro que ya al estar sentado en el coche estás promoviendo.

Pero más allá de esta sensación está mi prueba en coche eléctrico por las calles de la capital que no ha podido ser más buena, porque, a día de hoy, las facilidades que la administración permite al circular por la ciudad con los vehículos eléctricos son para aprovecharlas: entrar en el centro de la ciudad en ciertos días de protocolo ambiental, poder ir por el carril VAO o acceso libre a zonas restringidas y residenciales sin preocuparse por una multa, no pagar impuestos de matriculación o ahorrarse el 75% del impuesto de circulación.

Y por si no fuera poco, el aparcamiento en zona azul y verde es completamente gratuito y sin limitaciones, por lo que, aparte de evitar el mal rollo de aparcar, te ahorras mucho más dinero del que nos pensamos, porque, además, hay que tener en cuenta que la gasolina es 10 veces más cara que la electricidad.

Así que, sinceramente, a día de hoy, opino que comprarse un vehículo de combustión ya no tiene sentido, es ir un paso atrás porque el coche eléctrico, aparte de promover una movilidad limpia, cómoda y sostenible, ya cubre tus necesidades básicas y solo hay que ver dónde el mercado económico y tecnológico está invirtiendo.

Lo que opinan los expertos sobre el vehículo eléctrico

Pero, ahora, poniéndonos más serios, no solo soy una chica veinteañera que cuenta su experiencia sobrenatural con un coche eléctrico, sino que, como buena reportera, he entrevistado a Arturo Pérez de Lucia, director gerente de AEDIVE, la Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso del Vehículo Eléctrico, el cual me ha argumentado cómo los principales inconvenientes del coche eléctrico como son la autonomía y la infraestructura, ya están solucionados:

«La mayor barrera no es la autonomía de nuestro coche sino entender qué es el vehículo eléctrico. Existe el erróneo pensamiento de que hasta que un coche no tenga una autonomía de 180 kWh (lo necesario para recorrer España de punta a punta), no merece la pena. Pero nunca vamos a tener un vehículo con capacidad de recorrer 1000 km sin repostar puesto que eso implicaría tener una superbatería embarcada, con un peso y coste enorme. Algo completamente ineficiente».

«Respecto a las infraestructuras, lo importante, es que sepamos cambiar el concepto mental de lo que es la movilidad y entender que la principal recarga no son las electrolineras, sino la instalada en tu casa. Una o dos veces al mes es la media que un vehículo eléctrico irá a un punto de recarga exterior», añade Arturo. A pesar, de que Endesa, entre otras empresas ya está invirtiendo en poner puntos de recarga por España para que se pueda cargar sin problemas al hacer cualquier recorrido.

Así que, tras mucha información recopilada y experimentada, llego a la conclusión de que esto del vehículo eléctrico es mucho más que un coche. Es un cambio en la sociedad, que poco a poco, iremos notando, como si de la serie de Black Mirror se tratase (serie altamente recomendada). Es algo que va a cambiar nuestra manera de entender la eficiencia energética donde evitaremos una sobrecarga del sistema eléctrico si sabemos jugar con la entrega y la demanda de energía que se requiere.

En una sociedad cada vez más eléctrica, recargarás tu vehículo eléctrico en horas donde consumirás la energía que no tiene demanda, para luego venderla o aprovecharla para usarla en tu casa, en horas en que la energía es más cara. Así, has cargado tu coche con energía renovable y te has ahorrado mucho dinero, eso sería lo suyo.

Y así, año tras año, y avance tras avance, hasta llegar a tener un completo coche tecnológicamente autónomo y conectado, que revolucionará, aún más, el concepto de movilidad. Así que, mucha atención, porque estamos ante el inicio de una nueva era. ¡Que empiece el juego!

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