Los ciudadanos estamos cambiando la forma en que consumimos para hacerlo de la manera más ética y sostenible; las empresas luchan en favor del desarrollo de modelos ecológicos, los fabricantes trabajan para producir en la mayor sostenibilidad posible y los países están desarrollando proyectos e iniciativas de protección de sus espacios y recursos naturales.

España es uno de los hot spots (puntos calientes) de biodiversidad del planeta y el país con la mayor biodiversidad de Europa:

  • Nuestro país posee más de 85.000 especies, contando con más del 50% de las especies animales de Europa y más del 5% del mundo presentes en España.
  • España alberga el 54% de los hábitats terrestres que son de interés comunitario según la Directiva Hábitats.
  • 3 de los 11 grandes ecosistemas marinos están representados en España y el Mediterráneo alberga el 4% de las especies marinas descritas.
  • España es el país de la Unión Europea que más superficie aporta a la Red Natura 2000, con un 27% de su territorio terrestre y más del 8% del marino, con cerca de 2.000 espacios en total.
  • Ocupamos el segundo puesto europeo de superficie forestal (el primero ocupado por Suecia) y somos el segundo país más montañoso de Europa después de Suiza.

 

Energía solar renovable, respetuosa con el entorno

En el panorama actual, las renovables son la mejor herramienta para combatir el cambio climático y conservar la biodiversidad. Su impacto sobre nuestro entorno es muy positivo, pero es importante tener en cuenta que no todas las energías renovables dejan la misma huella en los ecosistemas.

En el caso de las plantas fotovoltaicas, su instalación se realiza en zonas de cultivo de cereal secano o áreas de media montaña. Estas tienen un menor valor económico pero un gran valor ecológico  al ser hogar de aves esteparias o aves rapaces.

Es por ello que la planificación de la construcción de estas plantas renovables debe tener en cuenta el impacto sobre el entorno y los seres vivos que viven en él. Si se consigue esto, el modo de obtención de energía limpia procedente del sol se convierte en el más respetuoso con el medio ambiente, pero, ¿por qué?

  1. No contribuye al efecto invernadero: un sistema fotovoltaico no emite gases de efecto invernadero para generar energía.
  2. Son muy silenciosos.
  3. En el caso del autoconsumo, el suelo no se ve afectado por la instalación de placas. Su instalación en terreno sí supone una gran extensión, pero puede solventarse combinando esta producción de energía con la actividad agrícola. Esto es gracias a la existencia de cultivos potenciales que se ven favorecidos por dichas placas.
  4. No necesita agua para producir energía, cuidando de este recurso.
  5. No producen residuos. Los paneles se fabrican con el silicio como material principal, el cual se obtiene de arena. Además, tienen una vida de unos 30 años aproximadamente, pudiendo ser reciclados casi al 90%.

Es importante tener en cuenta los efectos de una u otra producción de energía, porque de ellos dependerá una mejor o peor protección de la biodiversidad tan rica y diversa que posee nuestro país.

 

Nuevas formas de actuar

Como se ha mencionado, una planificación adecuada es clave a la hora de construir espacios de producción de energía renovable, independientemente del tipo. Hay que considerar los impactos que pueden provocar sobre el terreno y la biodiversidad. Por ello deben llevarse a cabo estudios de impacto ambiental previos a la construcción.

La protección del medio ambiente es clave para un desarrollo sostenible, y ejemplo de ello son las acciones llevadas a cabo por empresas como Endesa, que llevamos a cabo múltiples proyectos de conservación de la biodiversidad.

En línea con la energía solar y la protección del entorno, destaca nuestro reciente proyecto de “Agrivoltaica”. Esta iniciativa combina la producción de energía solar con actividades de agricultura y apicultura y permite recuperar el uso agrícola del suelo empleado en la construcción de plantas solares.

También gestionamos numerosas acciones enmarcadas en su Plan de Conservación de la Biodiversidad, como la reintroducción de especies desaparecidas de terrenos específicos mediante la instalación de PAS (Puntos de Alimentación Suplementaria), como es el caso del buitre negro, o la conservación de la población de la tortuga mediterránea, una especie en peligro de extinción ubicada en la comarca de Les Garrigues (Lleida).

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