Durante la década de los noventa, un informático estadounidense llamado John Mashey publicó un artículo donde por primera vez se mencionaba el término big data. Mashey advertía en aquel texto de las consecuencias que tendría para nosotros, en un futuro muy cercano, la avalancha de datos que estaba empezando a suponer la digitalización de nuestras sociedades. Básicamente porque aquellas cantidades ingentes de información no iban a poder ser medidas con las herramientas que existían entonces. Y así fue.

De esa manera nació el fenómeno Big Data, y también la tecnología homónima de la que os hemos hablado aquí en muchas ocasiones ya, y que nos permite gestionar los datos masivos que generamos diariamente. Datos que siguen aumentando exponencialmente. Solo en Internet hay ya más de tres billones de usuarios, todos produciendo su propia información. Por ejemplo, cada día se suben trescientas horas de contenido nuevo a YouTube, se publican más de trescientos mil tuits en Twitter o se descargan decenas de miles de aplicaciones de Apple. Y esta es solo una pequeña muestra de los aproximadamente 1.700 billones de bytes por minuto que dicen que generamos actualmente los seres humanos.

Sin embargo, hay una pregunta que cada vez se escucha más entre los especialistas de marketing: a pesar del incremento de información, ¿sigue igual de vigente la idea de Big Data? Pues según aquellos, cada vez se presta menos atención al volumen de los datos recogidos, y más a la importancia de estos. Es decir, se busca más calidad que cantidad. Y ahí entra en juego un nuevo concepto que ha irrumpido con fuerza: el Smart Data.

¿Qué es Smart Data?

Si el Big Data se refería a la gestión de las enormes cantidades de información digital que generamos a diario, el Smart Data se centra en el procesamiento de esos datos, pero con el fin de convertirlos en estadísticas donde buscar el contenido de mayor valor. O dicho de manera muy sencilla, separa lo útil de lo inútil. Smart Data es, en definitiva, un complejo filtro de datos. Un concepto que gira en torno a la gestión de información masiva, pero solo de aquella que tiene un valor real.

Según Kat Berman, Product Marketing Consultant de la empresa Selligent, expertos en marketing relacional,

los datos siempre son valiosos. Los denominados smart data pueden utilizarse con eficacia para mejorar los resultados empresariales, al mismo tiempo que se logra un gran ahorro de tiempo y recursos.

Por eso ya son muchas las empresas que están siendo conscientes del potencial que reside en este nuevo paradigma, y que podría ser de mucha utilidad para introducir mejoras en su negocio y en su sector. Obtener y procesar los datos de manera selectiva con los Smart Data será pronto una metodología vital para poder optimizar las estrategias de marketing, y, sobre todo, para conocer las necesidades reales del cliente, y qué funciona mejor para satisfacerlas. Además, permitirá a las compañías diseñar modelos de consumo con bastante anticipación, por lo que podrán prever si una acción dirigida a sus usuarios tendrá mayor o menor éxito antes de ser introducida en el mercado (esto es especialmente valioso en aquellos más impredecibles).

El futuro del Big Data

La siguiente pregunta que debemos hacernos es: ¿la implementación global de Smart Data significará la desaparición de Big Data? José Andrés García, CEO de Teradata, una consultora especializada en plataformas de aplicaciones de marketing y análisis de datos, lo tiene muy claro:

El concepto big data, como tal, ha muerto. Se produjo un boom respecto al mismo hace algunos años para llamar la atención sobre esas nuevas fuentes o esa nueva analítica, pero ahora no tiene sentido.

Desde luego, en muchos lugares se habla ya de la transición de un paradigma al otro. Sin embargo, en este tema hay discrepancia de opiniones. Por ejemplo, Rosano Morales, Vicepresidente de Infraestructura, Management y Automatización de CA Technologies Latinoamérica (desarrolladores de software), afirma sobre la tecnología del Big Data que

aún tiene mucho que dar de sí misma, ya que se trata de gigantes cúmulos de información a los que es posible dar cientos de usos y aún no han sido explorados y explotados en todas sus posibilidades.

Lo cierto es que Smart Data necesita de la arquitectura de Big Data para cumplir su cometido. Son procesos complementarios. Si bien es verdad que Smart Data nació debido a una necesidad: suplir las carencias de un fenómeno capaz de gestionar billones de datos de manera eficaz, este sigue siendo el mejor método del que disponemos para procesar datos masivos. El objetivo ahora es conseguir eliminar el exceso de ruido, que dificulta un correcto análisis de la información, y que, por tanto, nos impide medir con precisión los sentimientos de los consumidores, que son, al fin y al cabo, el motor de la mercadotecnia. Y ese es el objetivo de Smart Data, un nuevo paradigma que supondrá una auténtica revolución a la hora de investigar nuestros hábitos de consumo.

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